Un texto argumentativo suele situarse en nuestra mente en el espacio donde recordamos los escritos que nos desafiaron, nos ayudaron a perfilar mejor nuestras ideas o cambiaron con astucia nuestro parecer. La palabra clave para este tipo de artículo o ensayo es ‘persuasión’. Ahondemos juntos con detalle en el funcionamiento de un texto argumentativo.

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El texto argumentativo es un trabajo no sólo de convencimiento externo, sino de autoexamen de las ideas propias.

¿Qué es un texto argumentativo?

Un texto argumentativo puede definirse esencialmente como un escrito que tiene como objetivo persuadir al lector para que acepte una perspectiva en específico. Con esta meta en mente, el autor organiza estratégicamente sus recursos retóricos para involucrar intelectual y emocionalmente al receptor dentro de sus propias ideas. Estas ideas deben estar asentadas sobre terreno sólido, elegantes y bien reflexionadas, para que el lector sienta el deseo de unírsele sin temor a hundirse.

Como un arquero apuntando su flecha, el escritor argumentativo expone con claridad su posición al tiempo que expresa inequívocamente el blanco que desea, creando una ilusión de objetividad dentro de lo que es una subjetividad bien estructurada, informada y estudiada.

Y también como el arquero, el autor debe asegurar el recorrido de la flecha ocupándose de montar primero el arco correctamente, para ahorrarse esfuerzos y mantenerse firme. Este montaje del arco es la estructura básica del texto argumentativo, veámosla.

Estructura del texto argumentativo

Podemos entender el orden tradicional de un texto argumentativo como una estructura doble y simultánea, con cada parte dividiéndose en tres partes. Por un lado nos encontramos con un orden dedicado a lo espacial, a la forma pragmática y fija en que se despliega la información a lo largo del escrito hasta acabarse: introducción, desarrollo y cierre.

Por otro lado, vemos una estructura mutable representante de lo cualitativo, la retórica con que la idea se expresa hasta llegar a su resolución: tesis, argumentos y conclusión.

La diferencia es sutil en ambos, pero notable, y básicamente consiste en una complementariedad entre forma y contenido. Un par que nos enfoca en cada estadio de la extensión del arco argumentativo. Veamos primero el orden espacial.

Orden formal

Empezando por la Introducción, podemos entenderla como una sección de bienvenida, más bien breve pero colorida, donde se produce el primer contacto del lector con el tema y estilo particular del autor y se le intriga para que continúe.

Dado que construir una buena Introducción es un verdadero arte que determina el resultado exitoso o fallido del producto, existen varios tipos, tan inteligentes y diversas como aperturas de ajedrez: introducción con conceptualización del término principal, introducción con cita célebre para orientar el tópico con una voz de peso histórico o incluso introducción con narrativa, contando una historia que ejemplifica o contextualiza la reflexión a exponer, entre muchas otras variaciones. Se coloca la flecha en la cuerda.

El Desarrollo, por su parte, es un espacio de continuidad que constituye el centro vital del escrito, el sitio de mayor densidad donde el viajante lector se queda por más tiempo entre más párrafos y se entra de lleno en el meollo de la cuestión, por decirlo en dos platos. Se tensa la cuerda del arco.

Por último, el Cierre suele ser un punto de término y retorno a la vez. El autor nos convence de que el recorrido tuvo un sentido, pues lo insinuado en la introducción se ha expresado satisfactoriamente en esta etapa final. Quedando todo dicho, el texto llega punzante al blanco.

Orden cualitativo

Esta línea estructural es un tanto más compleja, pues es bastante flexible el orden de sus factores, dependiendo del estilo del argumentador y de las exigencias específicas del tópico tratado. Aún así, podemos resumirlas en pocas palabras, en este orden o en otro.

Primero encontramos la tesis. Ésta consiste en la teoría que se cree y está por demostrarse dentro del escrito, la hipótesis, la postura que se defenderá a capa y espada. La estructura habitual que inicia con la presentación de la tesis tiene, en efecto, un tono parecido al de desenvainar la espada, dejando el esgrima para la argumentación subsiguiente.

Los argumentos no son más que el conjunto de razonamientos que el autor considera que sustentan su opinión. En ocasiones, los argumentos son colocados primero en el texto, como parte de la introducción y parte del desarrollo, conduciendo lentamente hasta la tesis, que es por fin revelada.

El lector se encuentra entonces en un territorio detectivesco, en el cual ha sido paulatinamente persuadido hasta deducciones que quizá no habría aceptado de habérselas encontrado súbitamente en la primera línea introductoria.

Por último, la conclusión reafirma de manera explícita el triunfo de la idea central que condujo todo el texto. La flecha ha dado en el blanco, esta vez cualitativamente.

Estrategias argumentativas

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La estrategia usada para argumentar una idea determina el éxito de la misma en su recepción

Ahora bien, más allá de una estructura básica que sostenga, ordene y conduzca la argumentación con lógica, un buen texto argumentativo necesita también de estrategias para introducirse en el debate interno del lector, plantando al menos la duda en el menos dispuesto. Un arsenal de recursos que busca provocar una respuesta racional o emocional definida, llamando su atención. Este arsenal son las figuras retóricas.

Una figura retórica es un uso verbal que se aleja de sus maneras cotidianas para hacerse más estético, expresivo e ingenioso. En el caso del tipo de escrito que nos ocupa, se trata del lenguaje vestido para la batalla dialéctica. La lista de sus configuraciones sería casi interminable, pero podemos nombrar los usos retóricos más recurrentes en el ámbito argumentativo.

Probablemente usted mismo los ha puesto en práctica en su comunicación más de una vez sin saber sus nombres.

Antítesis

Dado el talante defensor o refutativo de una argumentación textual, la primera estrategia que debe mencionarse es la antítesis. Una manera de dejar clara la oposición entre ideas en una simple y memorable expresión. Izquierda versus derecha, ciencia frente a religión, plataformas tecnológicas dominantes frente a pequeñas disidentes, todo tipo de oposiciones pueden exponerse bajo este formato.

‘El país con recursos más abundantes se encuentra en un profundo abismo’, es una frase que podemos reconocer en los manifiestos de muchos políticos. Como puede verse, la exageración de los contrastes colabora con la expresión de la antítesis.

Analogía

Si en la antítesis se buscaba la diferencia radical entre dos componentes, en la analogía se fuerza una semejanza entre cosas que no consideramos idénticas en la cotidianidad. Una analogía frecuente utilizada en el pasado para sustentar el respaldo a monarquías y gobiernos personalistas radicaba en la comparación entre el rey y el sol en el sistema solar, por ejemplo. La argumentación analógica puesta al servicio del soberano. Y disponible en la actualidad para su texto argumentativo.

Ironía

En otra de vuelta de tuerca a nuestros asuntos, la ironía no enfrenta directamente oposiciones ni tampoco junta dos realidades separadas. Más bien expresa algo significando lo contrario. Todos estamos familiarizados con esta estrategia discursiva: ‘Vaya, me encanta tu decoración. Muy minimalista’, decimos ante una habitación vacía con un colchón sucio en el suelo. Se pueden escribir textos enteros en clave irónica y pueden ser de los textos más hirientes que puedan existir.

Interrogación retórica

Después de ver una frase que quiere expresar lo contrario de lo que dice, pasamos a una pregunta que nunca se responderá o que ya lleva implícita una respuesta. ‘¿Acaso no es obvio para todos lo errado de nuestro proceder?’ Una pregunta retórica como esta no esperará que alguien aporte información para resolverla. Es una afirmación disfrazada que busca crear artificialmente un consenso para conjurarlo en la realidad.

Apelación emocional

Si puede crearse artificialmente un consenso, también puede crearse una emoción tocando ciertas teclas psicológicas. Dibujar un retrato lleno de patetismo de un grupo vulnerable para impulsar una solución política es un caso usual en el debate. Conocer de antemano las preocupaciones de quienes recibirán el texto es importante para saber hacia dónde enfocar el mensaje y dónde evitar exageraciones. Por supuesto, la compasión no es la única emoción que puede estimularse con un escrito. También puede impulsarse el coraje o el miedo.

Existen momentos donde los argumentos concernientes a la lógica no bastan para la persuasión. Entonces el autor apelará a las pasiones. Es un camino históricamente bastante denostado, pero útil y un buen soporte para ideas que no tendrían un gran recorrido por vías de frialdad académica.

Prolepsis

Que el nombre griego no os espante, prolepsis es un mecanismo sencillo, por el cual el argumentador se adelanta a la exposición de ideas que podrían eficientemente contradecirlo. Es típico en las frases iniciales de un texto encontrarse con algo parecido a: ‘Usted podría decir que el bienestar social desequilibraría irreversiblemente la economía. Sin embargo…’

Una vez que se deconstruye el argumento rival desde el inicio de la argumentación propia, resulta mucho más complicado para el oponente reinventar su pensamiento ya establecido. Y es mucho más difícil para el lector no dejarse llevar por un escritor que ha apartado de entrada sus posibles objeciones.

Clímax

Este recurso, usualmente guardado para el final, suele presentarse como una gran enumeración de elementos, eventos, personas o lugares, de gran intensidad. Recordamos como ejemplo el monólogo de Enrique V de Shakespeare:

‘Entonces nuestros nombres, familiares en su boca como palabras familiares: Harry el Rey, Bedford y Exeter, Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester…’

El clímax puede considerarse un resumen exaltado de estrategias y argumentaciones anteriores. En ocasiones, los elementos son expuestos en forma ascendente, de lo más pequeño a lo gigantesco. Una grandilocuencia que, bien manejada, otorgará el cierre tonal adecuado a su texto argumentativo.

Tipos de argumentos

Ya revisamos cuál podría ser nuestro arsenal de recursos en el trabajo de convencimiento, desde comparaciones y oposiciones hasta apelo emocional e ironía. Ahora corresponde examinar qué clases de argumentos en sí están disponibles para nuestro uso. Es necesario advertir que cualquiera de estas herramientas puede caer fácilmente en la falacia argumentativa de ser planteada sin comprender plenamente su sentido. Por lo tanto, mucho cuidado con los conceptos.

Este pequeño conteo no es exhaustivo: las variables de la argumentación humana han llenado libros enteros.

Ad populum

El punto cero de la argumentación está fundado sobre la noción de sentido común, lo que el ‘populum’ (pueblo) opina generalmente. Esto no es más que la verdad aceptada colectivamente por la comunidad, regional o global. A pesar de distintas propuestas en contra, la necesidad urbana de una fuerza policial parece un consenso bastante extendido globalmente, por ejemplo.

El autor simplemente señala lo que es la costumbre en su contexto y se apoya en ese consenso real que lo rodea. No es la argumentación más refinada, pero funciona para ciertos escenarios con buena cohesión social.

Ad verecundiam

Se trata de un argumento basado en la autoridad, bien sea un maestro en la materia tratada, una institución o un conjunto de investigaciones que fueron sensatas en el pasado. Una cita de Mandela sobre escenarios de transición política funcionaría como un argumento de autoridad. Por supuesto, este argumento necesita de un conocimiento claro de la autoridad citada, de una certeza plena en su ascendencia general sobre posibles lectores y de una cita precisa y no manipulada de sus aseveraciones.

Causa y consecuencia

Su nombre explica de forma diáfana de que se trata: se fundamenta nuestra idea a defender en la conexión entre las razones y los efectos dentro del tema tratado. Un alegato contra el tabaco se ocuparía de señalar insistentemente los datos sobre su uso como desencadenante de graves afecciones pulmonares, por ejemplo.

Evidencia

Un argumento construido sobre evidencias concretas. Se trata de dejar que los hechos hablen por sí solos, por ser públicos y notorios, o mediante estadísticas que reúnan y midan el nivel de incidencia del acto determinado. Es un tipo de argumento que tiende a solaparse con el de causa y consecuencia, aunque en este caso tiene un enfoque más situado sobre el método científico.

Analógico

En este caso, hablamos de una argumentación basada en la creencia de que es necesario tratar casos semejantes usando el mismo rasero en ambos. Es un argumento bastante utilizado si se está abordando en el texto una decisión determinada en tribunales. El sistema judicial suele moverse en base a precedentes. Si existe una cierta sentencia en el pasado sobre un caso similar, podría aplicarse la misma regla para casos recientes.

Para profundizar un poco más en el mundo de las falacias, invitamos a ver este interesante vídeo. La línea entre argumento y falacia es más delgada de lo que creemos.

Tipos de texto argumentativo

Por último, debemos hablar de las distintas áreas que puede cubrir un texto argumentativo. De seguro ya hemos venido pensando en qué ámbitos podrían aplicarse las estrategias y argumentaciones presentadas. Se han dado varias pistas al respecto.

Área legal

En primer lugar, el lugar al que hacíamos referencia en el caso del argumento analógico. Mientras que los jueces suelen tener una capacidad de palabra más exhortativa e inapelable, los abogados suelen redactar documentos que pueden enmarcarse dentro de la definición de texto argumentativo. Buscan, después de todo, persuadir en uno u otro sentido al receptor, buscando la modificación de una declaración que perjudica a su cliente, el abandono de una demanda o informándole que se prepare para el inicio de una.

Debates escritos y orales

Muchas veces el destinatario de una argumentación escrita no es un lector indeterminado sino un oponente, también en capacidad de argumentar y difundir su respuesta. Grandes debates se han armado de esta manera. Incluso en el caso de debates orales, siempre existen textos previos que orientan al estudiante o político para moverse frente a su oponente.

Área periodística

Un periodista ideal tiene el mayor interés en provocar reacciones determinantes con las historias que publica. Más allá de su criterio de objetividad, buscará de una manera u otra asumir un talante crítico y que el lector también lo asuma, compartiendo su perspectiva. Así se labran largas carreras dentro del mundo noticioso.

Ámbito científico

Es el lugar donde campea el argumento basado en la evidencia concreta. El científico convence mediante cifras, informes, hechos demostrados. La persuasión se ejerce también mediante la fiabilidad de la prueba presentada, por lo cual el argumento de autoridad tiene también mucho peso.

Propaganda y publicidad

Quizá el apartado menos simpático, pero igualmente extendido y productivo. La publicidad es indudablemente el territorio más agresivo de persuasión, incluso operando a niveles irracionales para garantizar el consumo de un servicio o producto. La propaganda política es también el entorno argumentativo por excelencia y el candidato de turno es llevado en alza por sus votantes por sus capacidades de persuasión.

Conclusión

La buena argumentación es una necesidad cada vez mayor en nuestro mundo actual, de tribalismo y desinformación. Cada intercambio doloroso entre personas que han apostado por la visceralidad sobre la lógica nos lleva a un punto delicado de quiebre y nos debe impulsar a profundizar en nuestras ideas, en la manera en que las defendemos y su solidez.

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